Llevo tres semanas buscando piso en Madrid. Es una locura.
Miro Idealista y Fotocasa cada mañana. Los buenos vuelan en horas.
Esta semana he visitado cinco. El primero, en Lavapiés, tenía humedad en el baño. El segundo, en Malasaña, era un sótano sin luz natural.
El tercero, en Chamberí, parecía perfecto: luminoso, reformado, ascensor. Pero la casera pedía dos meses de fianza, uno de agencia y aval bancario. Imposible.
El cuarto, cerca de Atocha, tenía ruido de trenes. El quinto, en Arganzuela, era pequeño pero bien distribuido. 750 euros, gastos aparte.
Llamo a la inmobiliaria. "¿Está disponible? Quiero hacer una oferta."
Me piden: DNI, tres últimas nóminas, contrato de trabajo y carta del avalista.
Mando todo por email. A las dos horas me confirman: "El propietario acepta. Firmamos el lunes."
El lunes voy a la notaría. Leo el contrato despacio. Cláusula de estancia mínima: un año. Revisión de renta según IPC. Comunidad y IBI a cargo del casero. Luz, agua, gas e internet a mi cargo.
Firmo. Pago fianza (un mes), mes en curso y agencia (un mes + IVA). Me entregan las llaves.
Mañana me mudo. Por fin.