Siempre he querido aprender a cocinar bien. Mi abuela hacía la mejor paella, pero nunca me enseñó. Me apunto a un curso de cocina los sábados por la mañana. La escuela se llama "Sabores de España". Está en el centro, en un edificio moderno con cocinas profesionales.
Llego diez minutos antes. Conozco a mis compañeros: hay un japonés llamado Kenji, una alemana llamada Greta, y dos españoles, Lucía y Pablo. El chef, Roberto, nos da la bienvenida. Es alto, lleva chaqueta blanca y tiene bigote. Nos dice: "Hoy hacemos paella valenciana. Es un plato de paciencia y respeto al producto."