Echamos el arroz en cruz. Es el momento clave. No se remueve más. Roberto pone el temporizador: dieciocho minutos. Los primeros diez a fuego fuerte, luego bajamos. El caldo burbujea. Huele increíble.
Cuando suena la alarma, apagamos el fuego. Roberto pone un paño limpio encima. "Ahora reposa", dice. Esperamos cinco minutos. Quitamos el paño. El arroz está en su punto. Tiene socarrat, la capa crujiente del fondo. Todos probamos. Kenji sonríe: "Oishii!" Greta dice: "Lecker!" Lucía y Pablo asienten. Yo pienso en mi abuela. Ella estaría orgullosa.