María y Carlos entran en un restaurante. El camarero les da la bienvenida.
— Buenas tardes. ¿Tienen reserva? —pregunta el camarero.
— Sí, a nombre de García, para dos personas.
— Perfecto. Síganme, por favor. Les asigno esta mesa junto a la ventana.
El camarero les trae las cartas.
— Les doy un momento para decidir. ¿Quieren algo de beber mientras tanto?
— Yo quiero una copa de vino tinto —dice Carlos.
— Y yo un agua con gas, por favor —dice María.
Pasados unos minutos, el camarero vuelve.
— ¿Ya saben qué van a pedir?
— Sí. De primero, yo quiero la ensalada mixta —dice María.
— Y yo la sopa de verduras —dice Carlos.
— De segundo, el pollo asado con patatas para mí —añade María.
— Y yo el pescado a la plancha con ensalada —dice Carlos.
— Muy bien. ¿Algo de postre?
— La tarta de queso, por favor —pide María.
— Yo solo un café —dice Carlos.
Después de comer, piden la cuenta.
— La cuenta, por favor.
— Son 45 euros en total.
Carlos paga con tarjeta y dejan una propina de 5 euros.