El último puesto es el de pescado. Huele a mar y a hielo. El pescadero, un hombre grande con delantal blanco, enseña la merluza, el salmón y las gambas. Mamá pide medio kilo de merluza limpia y doce gambas. El pescadero las pesa, las envuelve en papel y pone hielo encima.
Ya tienen todo. Cargan las bolsas en el coche. De vuelta a casa, los niños van dormidos. Mamá piensa en la comida: merluza al vapor con patatas y zanahorias, ensalada de tomate y cebolla, y de postre, fruta del mercado. "Qué bien huele todo", dice papá al entrar en la cocina.