Me despierto temprano. Estoy nervioso, pero también ilusionado. Desayuno tranquilo: tostadas, café y zumo. Salgo de casa con tiempo de sobra. El metro va lleno, pero llego a las nueve y media. La entrevista es a las diez.
La recepcionista me recibe amablemente. Me ofrece agua. Espero en una sala moderna con vistas a la ciudad. A las diez en punto, sale una mujer. Se presenta: "Soy Elena, la directora técnica. Pase, por favor." Entro en su despacho. Me siento. Respiro hondo.