Llevo tres meses trabajando desde casa. Al principio era emocionante: nada de tráfico, horarios flexibles, ropa cómoda. Pero pronto me di cuenta de que tenía sus retos. La conexión a internet a veces falla. Mi portátil se calienta mucho. Echo de menos hablar con mis compañeros en la oficina. Los mensajes de Slack no son lo mismo que un café juntos.