Ayer tuve una videollamada clave con el jefe. Preparé la presentación durante horas. Comprobé la cámara, el micrófono y la luz. Todo parecía perfecto. Empecé a hablar y de repente... ¡se fue la luz! Me quedé a oscuras. El router se reinició. Volví a entrar diez minutos después. El jefe fue comprensivo, pero me sentí fatal.