Marcos tiene treinta y dos años y lleva diez trabajando en un banco. Tiene un buen sueldo, estabilidad y un piso en propiedad. Pero cada mañana se levanta con un nudo en el estómago. El trabajo le aburre, no aprende nada nuevo y siente que su talento se desperdicia.
Una noche, hablando con su hermano pequeño, que es desarrollador, se da cuenta de que lo que de verdad le gustaría es programar. Su hermano le dice: "Nunca es tarde. Hay bootcamps de tres meses, gente que cambia a los cuarenta, a los cincuenta". Marcos investiga, compara precios, lee opiniones y, tras dos semanas dándole vueltas, se apunta a un bootcamp de *full stack* a tiempo parcial, para compaginarlo con el trabajo.