Marta camina por la calle Mayor a las ocho de la mañana. El olor a pan recien horneado sale por la puerta de la panaderia El Trigo Dorado. Hay tres personas haciendo cola. Marta respira hondo: hoy va a pedir pan sin dudar.
Dentro, las estanterias muestran docenas de barras: baguettes crujientes, hogazas redondas de masa madre, chapatas con burbujas grandes, barras de centeno oscuras y densas. Detras del mostrador, el panadero atiende a una clienta mayor.
Buenos dias, que le pongo? pregunta el con voz grave.
La clienta senala: Media hogaza de esa de masa madre, por favor. Y dos rosquillas para el cafe.
Marta observa. La clienta no ha dicho quiero ni me das. Ha usado que le pongo y por favor. Sencillo. Cortes. Efectivo.