El panadero mete las dos barras en una bolsa de papel pardo. Son tres euros veinte. Paga con tarjeta o en efectivo?
Marta saca la tarjeta. Con tarjeta, gracias.
El datafono pita. Operacion aprobada. El panadero le da el ticket y dice: Que aproveche. Y buen dia.
Marta sonrie, coge la bolsa caliente: Gracias, igualmente. Buen dia!
Camina hacia casa sintiendo el calor de la bolsa en la mano. El olor a levadura y harina tostada sube por la manga de su abrigo. Ha pedido, ha entendido, ha elegido. Sin quedarse en blanco. Sin ehhh..., sin lo siento, no entiendo.
En casa, corta la baguette en rebanadas gruesas. Un chorro de aceite de oliva virgen extra, tomate rallado, una pizca de sal. La primera mordida: crujido, aceite, tomate, sal. El desayuno perfecto. La pistola la guarda para el bocadillo de mediodia: jamon iberico, pimientos del piquillo, pan que aguanta todo.
Marta piensa: la semana que viene pregunto por la hogaza de espelta. Y la siguiente, por los picos de pan. Una panaderia es un mapa. Cada barra, un destino.