Elena trabaja como ingeniera de software en una consultora de Barcelona desde hace cuatro años. Un lunes por la mañana, su jefa la llama a su despacho y le propone un traslado de dos años a la oficina de Berlín. El proyecto es ambicioso: liderar la migración de una plataforma legacy a arquitectura cloud-native. El paquete incluye subida salarial del 25 %, alojamiento temporal durante el primer mes, clases de alemán pagadas y vuelos de ida y vuelta para visitar a la familia cada trimestre.
Elena acepta tras pensarlo el fin de semana. Lo primero es el visado. Al ser ciudadana española, no necesita visado de trabajo, pero debe registrar su residencia (Anmeldung) en los primeros catorce días. La empresa contrata una gestoría que le prepara la documentación: contrato traducido, certificado de empadronamiento, seguro médico alemán y declaración de la casera del piso temporal. Elena reúne todo en tres semanas y envía los originales por mensajería urgente.