Elena aterriza en Berlín un domingo de octubre. Llueve, hace diez grados y el cielo está gris. El alojamiento temporal es un estudio en Wedding, funcional pero impersonal. El lunes empieza el onboarding: configura el portátil, conoce al equipo (la mitad no habla español) y asiste a un taller de cultura laboral alemana: puntualidad estricta, comunicación directa, separación clara entre trabajo y vida privada, y la costumbre de du (tú) desde el primer día en entornos tech.
Las primeras semanas son intensas. Aprende a moverse en U-Bahn y S-Bahn, hace la Anmeldung en el Bürgeramt con cita previa, abre cuenta en un banco alemán (necesaria para el alquiler y el salario), y empieza el curso de alemán B1 intensivo tres tardes a la semana. Echa de menos el sol, la comida de su madre y las tardes en la plaza del barrio. Pero también descubre que le gusta la eficiencia del transporte público, la diversidad cultural de Neukölln y que sus compañeros la invitan a un Späti (kiosco nocturno) a tomar una Club-Mate el viernes por la tarde.