Ante la ineficacia de la negociación colectiva sectorial —los convenios no cubren a quienes no tienen empleador único—, emergen formas nuevas. Riders x Derechos (Madrid, Barcelona, Valencia) organiza huelgas algorítmicas: desconexión masiva de la app en horas punta, colapso del servicio, visibilización mediática. No piden convenio; piden reconocimiento de la relación laboral y transparencia algorítmica.
En cuidados, la Cooperativa de Cuidados de Barcelona —constituida por trabajadoras migradas— gestiona sus propios servicios, fija precios, reparte beneficios, forma en derechos. Es economía social y sindicalismo a la vez: la propiedad colectiva del medio de producción rompe la dependencia del empleador doméstico. El modelo se replica en limpieza, catering, traducción.
En el campo, el Sindicato de Obreros del Campo (SOC) y la CCOO de Andalucía han logrado convenios provinciales, pero la verdadera fuerza está en las asambleas de finca: paros espontáneos, piquetes informativos, denuncia a inspección vía WhatsApp. La digitalización, que el capital usa para control, la usan ellos para organizar.
El hilo conductor es la reapropiación de la agencia. Donde el algoritmo dicta, ellos hackean la visibilidad. Donde el empleador aísla, ellos tejen red. Donde la ley llega tarde, ellos crean hecho. No es romanticismo: son victorias parciales, frágiles, reversibles. Pero demuestran que la precariedad no es destino; es relación de fuerzas.