En el número 12 de la calle Laurel, en Valencia, seis vecinos comparten rellano. Una tarde de octubre, esperando el ascensor, alguien comenta lo llena que está la papelera de plásticos. Otro añade que el contenedor de orgánico desborda cada semana. Una vecina, Clara, bióloga jubilada, propone: "¿Y si montamos un huerto en la azotea y compostamos los residuos orgánicos?".
La idea prende. En la siguiente reunión de comunidad, presentan el proyecto: huerto ecológico en la azotea (cesión de uso por la comunidad), compostador de residuos orgánicos, puntos de recogida de aceite usado y cápsulas de café, y una bicicleta de carga compartida para la compra semanal. La votación sale adelante por unanimidad. El administrador de fincas advierte: necesitan seguro, permiso de obras menor y reparto de tareas por escrito.